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15 de abril de 1996

Los necios dicen en su corazón,
“¡No hay Dios!”
Son falsos, corruptos, viles,
no queda ningún hombre bueno.

Dios observa desde el cielo
a los hijos de los hombres,
para ver si hay alguno sensato,
alguno que esté buscando a Dios1.

Yo, Yahveh, te doy Mi Paz.

Miro desde el cielo, y veo pillaje en Mi Casa. Pero dispersaré a los apóstatas, así que no dejes que tu ánimo decrezca... no olvides nunca quién te crió. Soy Yo quien, como una madre tierna que levanta a su hijo a su regazo, te saqué de la cuna, te llevé en brazos y te amamanté, para que tu educación se llevara a cabo únicamente en Mis Atrios... Mi Voluntad fue tu pan de cada día y así es como continuaré alimentándote. Temes sin razón. ¿Tengo que decir que ya no confías en Mí? Permíteme recordarte tu incapacidad y tu impotencia para hacer cualquier cosa sin Mí.

Admito que, aunque sea un Padre para ti, soy también tu Arquero y te tengo por uno de Mis blancos favoritos, lo justo para mantener tu espíritu disponible para Mí, y bien dispuesto. Te quiero devota. Por eso seguiré apuntando Mis flechas hacia ti...

Escúchame: aunque muchos estén luchando contra ti, no tengas miedo. No te vencerán, porque Yo estoy contigo. Vassula, aunque la tempestad levantada por Mi Enemigo2, cargada de amenazas, te esté sacudiendo, no temas, Yo estoy contigo. En tus días, los profetas que profetizan falsamente, anunciando a voz en grito toda clase de falsedades, transitan sin obstáculos. Mientras que Mis Propios profetas, que salen de Mi Boca, que declaran abiertamente la Verdad, Mi Ley y hasta qué punto ha apostatado vuestra generación y se encamina derecha hacia la perdición —a menos que oiga de ella un grito de arrepentimiento—, ellos, Mis profetas, son los que están siendo mutilados y perseguidos...

Hasta ahora he guardado silencio y he cerrado Mis Ojos. He retirado muchas veces Mi Mano para que no cayera sobre vosotros, generación, y tantas veces Me he vuelto atrás de Mi decisión de enderezaros mediante el fuego... Pero, ¿cómo podría guardar silencio a la vista de esta Abominación de la que habló Mi profeta Daniel? Escúchame: en tus días muchos sacerdotes se preparan para la guerra, para ir en contra del Vicario3 de la Iglesia. ¡Ésos mismos que enseñan lo que les place y que le encanta al mundo! Están llenos de compromisos. ¡Por agradar al mundo venderían la Sangre de Mi Hijo! ¿Cómo puedo ver lo que veo y guardar silencio? Cuando ellos oyen Mi Voz a través de Mis profetas, se cruzan de brazos y no lo toman como una alarma o como una señal celestial. En cuanto a los sacerdotes que son válidos y son como Jacob, sometiéndose a la autoridad de su Madre, Me desposaré con ellos para siempre. Me desposaré con ellos y serán llamados hijos del Altísimo.

La hora de Satanás ha llegado. Él juró silenciarte desde el día en que te resucité, hija. Lanza todo su furor contra ti, pero Yo te digo: si permaneces modesta y sin ambiciones, y si guardas tu voto de fidelidad a Mí, a Mi Hijo, a Mi Espíritu Santo y a tu Madre del Perpetuo Socorro, se encogerá ante ti. Continúa siendo todo lo que él no es. Mis Palabras en tu boca continuarán siendo como el fuego para todos aquellos4 que, en medio de su apostasía, alcen el Cuerpo y la Sangre de Mi Hijo no sólo sin temor, sino también sin fe.

¡Ellos lo elevan a traición!


  1. Sal 53,1-2. ↩
  2. Dios se refiere a Satanás. ↩
  3. El Papa Juan Pablo II. ↩
  4. Dios se refiere a los sacerdotes. ↩
  5. Pregunté por desesperación, sin pensarlo. ↩
  6. Almas consagradas que han apostatado. ↩
  7. Si 16,11-12. ↩
  8. Tentado. ↩
  9. Jesucristo. ↩
  10. De la que habló el profeta Daniel. ↩