a) La acción del Espíritu Santo: Probablemente vosotros estáis todos enterados de la cantidad de mensajes que nos han dado acerca del Espíritu Santo en la Verdadera Vida en Dios. Es posible que sea porque nosotros hemos desatendido tanto al Espíritu Santo.
El Señor nos enseña mediante los mensajes que no hay otro modo para que el alma viva que en el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es un aliento de vida que respira en nosotros una verdadera resurrección en nuestra marchita alma, para una Verdadera Vida en Dios. Sin el Espíritu Santo nosotros estamos espiritualmente muertos. En el Espíritu Santo nos movemos, respiramos y vivimos como los peces que se mueven, respiran y viven en el agua. Si sacamos al pez del agua de la que extrae su vida, morirá y se secará. Y lo mismo pasa con nosotros en el Espíritu Santo. Esto es por lo que estamos llamados a unirnos con el Uno que es la Verdadera Vida, y el dador de Vida Que es el Espíritu Santo, el Uno que nos genera, nos renueva y nos revive en Cristo.
«El poder interior dentro de vosotros es Mi Espíritu Santo en quien respiráis y os movéis, sin dejar nunca de ser. El encanto interior, la grandeza, elocuencia y belleza en vuestro interior es Mi Santo Espíritu. La luz interior de vuestra alma es Mi Espíritu tres veces santo, que hace vuestra alma inmortal, llena de gracia, Mi cielo, Mi descanso y la perfecta morada para Mí, vuestro Dios, trino pero Uno en la unidad de la esencia. El intercesor interior dentro de vosotros que eleva vuestro espíritu en una nube y os pone en comunión con Mis Santos y Mis Ángeles es Mi Espíritu Santo… (9.1.96)
Sí, porque en el Espíritu Santo todo el cielo contempla la tierra, y escucha nuestras oraciones y las lleva a Dios. Yo he dicho muchas veces, y lo he aprendido de estos mensajes, que nosotros sólo podemos conocer a Dios mediante el Espíritu Santo, y esto no viene de nuestra inteligencia ni de nuestras mentes. Esto es por lo que Dios nos invita a hacer amistad con el Espíritu Santo para conocerle y cuando lo hacemos nos damos cuenta de que Él es el Árbol de Vida dentro de nosotros, nos damos cuenta que Él es Todo. Nuestra vida cambiará entonces haciéndose un festival permanente de alegría, porque la presencia del Espíritu Santo dentro de nosotros es alegría.
«El Espíritu Santo será la luz de vuestros ojos, el motivo de vuestro ser, el movimiento de vuestro corazón, la articulación de vuestra capacidad de hablar, vuestra risa y vuestra alegría. Él será el adorno real de vuestra alma, el guardián de vuestro espíritu. Él será vuestro himno, vuestro amén al Amén» (9.1.96)
El Señor nos dio el Espíritu Santo, y nosotros escuchamos el Tema de Amor del Señor, y de este modo olvidamos la tierra por la dulzura del amor de Dios. El amor de Dios es una llama ardiente de amor que no permite que los pensamientos carnales o terrenos penetren dentro de vosotros. Aquél que ha experimentado este amor tiene sed de él incansablemente, día y noche, y es arrastrado hacia él. En un pasaje aquí el Señor explica esto en unas pocas palabras. «La fuerza interior de Mi Iglesia es Mi Espíritu Santo, ese Fuego que os anima, os purifica y hace de vuestro espíritu columnas de fuego, braseros ardientes de amor, antorchas vivas de luz, para proclamar sin miedo Mi Palabra… (15.4.91)
El Señor nos ama y aunque nos creó del polvo nos adornó con el Espíritu Santo. Sin el Espíritu Santo no somos más que una mota de polvo pecaminosa flotando en este vasto universo. Esto es por lo que nos dice el Señor: «El poder interior de Mi Iglesia es Mi Espíritu Santo que os transfigura, os eleva y os convierte en verdaderas copias de Mí Mismo…» (15.4.91)
El Señor nos instruye mediante el Espíritu Santo y con Su purísimo Cuerpo y Sangre, y todo el que sigue al Señor es a semejanza de su Señor y Padre. El Espíritu Santo nos ha hecho parientes del Señor: El signo en nosotros de este parentesco es la paz de Dios que experimentaréis y el amor que tendréis para todos. Por tanto, Sin Dios no hay ni paz ni amor en el alma. Tenemos aquí un mensaje en el que se nos muestra como es este parentesco con el Señor: «Mi Santo Espíritu será vuestro hermano, vuestra hermana y vuestro fiel amigo» (9.1.96).
El Espíritu Santo no se revela a sí mismo a aquellos con orgullo intelectual, sino que se revela a los simples y a los pobres de espíritu. Pues el Espíritu Santo dice: «Yo te haré rico, a través de tu pobreza; fuerte a través de tu debilidad, celoso y fiel mediante tu miseria; un altar vivo para Nuestra Santidad Trinitaria a través de tu nada» (17.7.96).
El Espíritu Santo nos ha dado a conocer la esencia de la vida eterna. La conocemos en parte: el Espíritu Santo es vida eterna. El alma vive en el amor de Dios, en la humildad y mansedumbre del Espíritu Santo. Pero nosotros debemos de dar al Espíritu Santo espacio en nuestras almas, tenemos que hacerlo, no sólo abrirnos, sino que tenemos que morir a nuestras pasiones y especialmente a nosotros mismos que obstruimos el paso al Espíritu Santo. Verdaderamente, el Espíritu Santo es vida eterna. El Espíritu Santo dice: «La libertad y el amor se encuentran en Mí. […] Yo soy como una tierra fértil, si siembras tus semillas en Mí, tu cosecha será: Vida Eterna, y el paraíso será tu hogar.» (17.7.96).
El alma es como una novia, y el Señor el Novio. Y ellos se aman uno al otro, y suspiran el uno por el otro. El Señor en Su amor anhela el alma, y se aflige si no hay lugar en ella para el Espíritu Santo; mientras que el alma, habiendo llegado a conocer al Señor, ansía de Él, pues en Él yace su vida y su alegría. El Señor en nuestros días nos dice cuán ansioso está el Espíritu Santo por hacernos Sus desposados.
«El Espíritu Santo como un Novio, aparece en vuestros días para cortejaros, seduciros y desposaros» (23.12.93).
Y como un Novio, el Espíritu Santo adornará a Su novia con Sus regalos: «Yo os llenaré con una variedad de dones de Mi Santo Espíritu. […] Venid y ganad la amistad de Mi Santo Espíritu para haceros colaboradores con Él, pues Él os iniciará benévolamente en Nuestros misterios abriendo vuestra mente y vuestros ojos para comprender y percibir lo Imperceptible que, sin embargo, se os ofrece de buena gana y sin coste» (9.1.96).
b) La renovación de la creación: En estos días Dios está enviando el Espíritu Santo sobre nosotros como nunca antes en la historia para renovarnos y abrir nuestras mentes, para barrer el moho que se ha incrustado en nosotros, para que podamos comprender y conocer a Dios y convertirnos en otro paraíso. «Sin Él (Mi Espíritu) incluso Mis discípulos nunca pudieron entender plenamente ni a Mí ni Mis enseñanzas. Pero en ese día en que regresé al Padre les envié al Paráclito para que les recordara todo lo que Yo les había dicho mientras estaba con ellos. Ahora estoy totalmente preparado para ir a vosotros, pero aún no habéis comprendido cómo ni de qué manera…» (10.12.95)
En muchos mensajes Nuestro Señor habla de una renovación que está a punto de venir por el Espíritu Santo y que vendrá mediante fuego: «Por esto, cuando veáis el cielo disolverse en llamas y a los elementos fundirse en el calor, sabed que ésta es la señal del comienzo de Mi Promesa, y de los Nuevos Cielos y de la Nueva Tierra: la renovación de Mi Iglesia, el resurgimiento de Mi Iglesia, el resurgimiento de vuestros corazones» (19.12.90).
Luego, en otro pasaje, el Señor nos explica el Capítulo 21 del Apocalipsis; lo que significa los Nuevos Cielos y la Nueva Tierra. Sólo tomo unas cuantas líneas de un texto largo. Aquí Nuestro Señor compara nuestras almas con una tierra y un cielo. Esto es lo que dice: “Permite a Mi Espíritu Santo cultivar tu tierra y hacer un Edén terrenal en ti. Deja que Mi Espíritu Santo haga una Nueva Tierra para mejorar tu suelo en ti, a fin de que tu primera tierra, que era propiedad del diablo, se consuma. Entonces, Mi Gloria brillará de nuevo en ti y todas las semillas divinas plantadas en ti por Mi Santo Espíritu germinarán y crecerán en Mi divina Luz…” (3.4.95)
En cuanto a los nuevos cielos:«Mi Espíritu Santo, consorte de Mi Trono, brillará en tu oscuridad como un espléndido sol en el cielo, porque la Palabra te será dada para expresar pensamientos y discursos del modo que Yo desearía que tú pensaras o hablaras, todo lo expresado será de acuerdo con Mi Imagen y pensamiento. […] Y como las sendas de los que recibieron Mi Espíritu Santo serán enderezadas, así también serán su oscuridad y lobreguez iluminadas y restaurados, convirtiéndose en estrellas fulgentes que iluminen su oscuridad por siempre jamás…» (3.4.95)
«Aprende que sólo las semillas plantadas por Mi Espíritu Santo en ti pueden dar frutos en abundancia. ¡Sin estas semillas divinas tu alma seguirá siendo un desierto, baldío, y una tierra de sequía! Así es que di estas palabras: «Señor, danos Tu Reino para que podamos obtener incorruptibilidad y la divinidad, a fin de tener vida eterna. Amén.» (27.2.95).
Cuando el Señor habla aquí sobre el Reino, Él quiere decir que este Reino es Su Santo Espíritu: así, las palabras podrían ser: «Señor, danos Tu Santo Espíritu, para que podamos obtener incorruptibilidad y la divinidad para tener Vida Eterna”:
Y finalmente en cuanto a la Nueva Jerusalén, como nosotros somos la ciudad de Dios, seremos renovados en el Espíritu santo.