La misericordia que buscamos es la misericordia de Dios.

por SHEIKH Nizam Bou Khzam

En el nombre de Dios,

En el nombre de Dios, Alabado sea Dios, Señor de todos los mundos, y que Sus bendiciones estén sobre Sus Profetas elegidos hasta el Día del Juicio.

Estimada y respetada audiencia,

La Misericordia de Dios nos vincula en la Unidad para Alabar y Exaltar a Dios

La adoración a Dios, glorificado sea, no es válida ni elevada si no es a través de una sincera devoción hacia Él y la obediencia de Sus mandamientos que Él nos ha llamado a seguir mediante las palabras de Sus nobles profetas.

Y este noble estado sólo pueden alcanzarlo los que purifican sinceramente sus intenciones y limpian sus corazones de las trazas de malicia, envidia y egoísmo. Movilizan sus capacidades intelectuales, psicológicas y físicas para servir la legislación divina preservada sin objeciones ni quejas.

Este método de adoración no alcanza su punto culminante ni cumple su propósito si no es emulando los nombres y atributos de Dios (amor, misericordia, sabiduría, justicia, tolerancia, etc,) como se ejemplifica en el sabio consejo de Luqman el Sabio a su hijo: “Oh, hijo mío, que tu imagen sea como la imagen de Dios, el Todopoderoso”. Esta es la esencia del verdadero amor que supone despojarse de nuestros rasgos egoístas y abrazar los atributos divinos en nuestro interior. De esto nace la aurora de la compasión en nuestros corazones, irradiando destellos de bondad y bendiciones sobre las personas y las sociedades.

¿Puede existir la misericordia sin amor? ¿O puede el amor existir sin conocimiento? El conocimiento es la llave del amor y el amor es la llave de la misericordia.

La misericordia que buscamos es la misericordia de Dios hacia nosotros, reconociendo a nuestro gran, compasivo y generoso Creador, volviéndonos individuos misericordiosos, sabios y de buen corazón…

En verdad, la misericordia se origina en la más pura, más sublime y perfecta fuente – Dios, el Todopoderoso. Él es el Más Misericordioso de todos los que demuestran misericordia. Esta misericordia, cuando se refleja en nuestro interior, no hace humildes hacia los demás, nos hace compasivos hacia los necesitados, misericordiosos con los débiles, solidarios con los oprimidos y fomenta la paz y el amor en nuestros corazones. Nos urge a abstenernos de la corrupción y el daño a nosotros mismos y a nuestra sociedad, absteniéndonos de difundir chismes, calumnias e incitación al mal.

Buscamos la misericordia de Dios para nuestras familias y nuestros seres queridos, educándolos en una cultura religiosa tolerante, derivada de las enseñanzas del Libro de Dios y de las tradiciones de los Profetas. En este conocimiento divino se encuentran el remedio y la salvación. Protegemos a nuestras familias de la corrupción generalizada que viola la etiqueta y los valores, permitiendo cosas inmorales, abandonando la modestia y utilizando la tecnología de un modo inconsistente con los valores abogados por los mensajeros y los profetas.

La misericordia se transmite a través de un enfoque apropiado, en el que nuestros consejos y advertencias se acompañan de apoyo, ánimo, persuasión, bondad, ternura y sabiduría. Esto asegura que las ideas maduren dentro de los corazones de los oyentes, lectores y beneficiarios.

La misericordia de Dios se manifiesta mediante la difusión de valores y virtudes en la sociedad y por la búsqueda de una aceptación mutua, basada en la justicia, la misericordia y la empatía. Deberíamos abrir nuestros corazones a la diversidad y estimarla como un valor precioso, sin dar lugar a la discordia, el odio o los conflictos.

La misericordia de Dios se encarna en el mantenimiento de nuestra verdadera existencia humana, fundamentada en el amor la tolerancia y los valores humanos universales, defendidos por todas las religiones divinas. Actuemos sobre aquello en lo que estamos de acuerdo y disculpémonos mutuamente por nuestras diferencias. Como dice el noble versículo: “Hemos hecho de vosotros naciones y tribus para que os conozcáis unos a otros. en el más noble entre vosotros es el más recto.” (Sura Al-Hujurat, versículo 13)

La misericordia de Dios nos llama a plantar cara ante todo proyecto maligno que promueve la corrupción moral, social y humanitaria, así como la desviación de los valores familiares, difundiendo enfoques equívocos de conducta y moral en las redes sociales, con el propósito de colonizar y subyugar a las naciones, y demoler nuestros valores humanos de modo que nos convirtamos en presas aceptables en sus bocas. ¿Acaso nos llama la misericordia de Dios a permanecer silenciosos ante todo esto? No, mil veces no.

Como dijo un día un sabio: “Controla tu lengua, excepto al decir la verdad que precisa aclaración, la falsedad que requiere refutación, las bendiciones que reclaman gratitud y la sabiduría que necesita difusión” Por tanto, frente a esta violenta tempestad, nacida de sistemas equivocados que llaman a la destrucción de la legislación divina, de acuerdo con sus caprichos, la misericordia de Dios, hermanos, nos llama a ofrecer sinceras advertencias y buenos consejo. Debemos involucrarnos en debates amables y respetuosos con otros, cooperando y abrazándonos unos a otros para cumplir nuestra misión humanitaria, para la que fuimos creados, una misión de amor, compasión y defensa de la justicia, la verdad y los valores.

En efecto, Dios, el Exaltado, es el mayor apoyo, y ayuda a Su siervo siempre que el siervo ayude a su hermano. Si Dios nos sostiene, la victoria será nuestra. Tenemos, hermanos, las lecciones de aquellos que nos han precedido, y de los que han corrompido la tierra, como los pueblos de Adamá y Sodoma, y otros. Deberíamos reflexionar sobre su destino.

La voluntad de Dios es dominante, incluso aunque desagrade a los increyentes.

En efecto, la misericordia de Dios nos une bajo el estandarte del amor y la justicia, garantizando la deseada paz mundial. Que Dios nos bendiga a todos juntos, puesto que es el Más Misericordioso de todos los que manifiestan misericordia.