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21 de abril de 1998


  1. Sal 90,17. ↩
  2. Mientras preparaba algunas charlas que debía leer ante los responsables de La Verdadera Vida en Dios, fui arrebatada por el Espíritu de Dios y escribí: “Hoy Dios Padre nos invita a la cámara nupcial de Su Corazón. Ésta es la meta final que todos deberían alcanzar en su vida espiritual. Dios nos invita a todos a sumergirnos en Su Pecho y perdernos dentro de Él. (Éstas son esas palabras que conmovieron a nuestro Señor): Yo, personalmente, me gustaría llegar a ser como un de líquido en Dios o, a veces, llegar a disolverme tan completamente en Dios que dejara de existir.” ↩
  3. Esta expresión se debe tomar en el buen sentido. ↩
  4. Véase el mensaje del 22 de abril de 1998. ↩
  5. Jesús lo dice en el sentido de pertenencia. ↩
  6. En el incidente de Madrid. Mucha gente, en diferentes países, ha visto aparecer en mi cara el Rostro de Nuestro Señor, pero, por segunda vez, Jesús permitió que, a la inversa, mi rostro apareciera en el Suyo. En Madrid, un hombre, mirando el gran cartel del Rostro de Jesús, preguntó a los organizadores de mi encuentro quién era esa mujer rubia en el cartel. La primera vez que esto sucedió fue en Rodas, Grecia. El grupo de oración de la Verdadera Vida en Dios estaba yendo a un hospital por caridad, para evangelizar y consolar a los enfermos, acompañados siempre por el capellán del hospital. Un día decidieron distribuir un retrato de Jesús impreso en una pequeña postal. Se trataba de una famosa imagen de Jesús que se encuentra en la isla de Patmos, en el monasterio, conocida por haber derramado lágrimas. El sacerdote se les acercó bastante molesto y recogió todas las imágenes. Preguntó furioso: ¿Por qué estáis distribuyendo el retrato de Vassula? Sorprendidas, las jóvenes le preguntaron qué retrato, y él les mostró el retrato de Jesús. Ellas le dijeron que se trataba Jesús, enseñándole Su barba. El sacerdote se quedó sin palabras... ↩
  7. En este momento, nuestro Señor me estaba recordando otra expresión que, con frecuencia, se menciona en las Escrituras: “El celoso amor de Dios”. ↩