Los cimientos de la tierra se tambalearán

Vassula escribió un comentario sobre un mensaje recibido el 11 de septiembre de 1991, exactamente 10 años antes de los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York.

En enero de 2002, Vassula escribió una carta que profundiza sobre el mismo tema.

Después de los sucesos de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, – exactamente 10 años después de recibir el Mensaje anterior–, Vassula escribió el siguiente comentario:

Quiero que la gente tenga cuidado al interpretar este mensaje. Interpretar las profecías no es fácil, a menos que ello sea concedido por la luz del Espíritu Santo. Este mensaje apocalíptico debe ser interpretado de la siguiente manera:
Nuestra generación se ha vuelto fría hacia el Amor de Dios. Y puesto que nuestro mundo de hoy está viviendo una gran apostasía, Dios ha intervenido para advertirnos, dándonos señales, por ejemplo mediante imágenes que derraman lágrimas de sangre, iconos que vierten lágrimas de aceite o de sangre. Los mensajes de la VVED han sido también una señal, al igual que algunas otras apariciones que han venido a advertirnos y a exhortarnos a todos a la oración. Muchas de estas señales han sido rechazadas, despreciadas y perseguidas, y esto nos recuerda Apocalipsis 11, en relación a los Dos Testigos que son María y Jesús, con la misión apostólica de Elías (representando la profecía), y de Moisés (recordando la ley), como se describe en el mensaje del 24 de diciembre de 1991. Debe leerse ese mensaje para poder entenderlo plenamente. La apostasía significa el rechazo de la Verdad divina, que nos ha conducido a una vida sin Dios. La apostasía atrae el mal sobre la tierra. Nuestra Señora dio un mensaje importante a este respecto (15 de mayo de 1990).

En los mensajes de la VVeD, Dios nos ha dado suficientes oportunidades para arrepentirnos y vivir santamente. Aún así, el mundo está sordo a los clamores de Dios, y, por el contrario, ridiculiza cada llamado que viene desde arriba. Los llamados nos advierten que, si no cambiamos nuestros corazones, y hacemos sacrificios, reparamos, y nos arrepentimos, nuestros pecados nos traerán la muerte. Cristo nos ha estado pidiendo que leamos las Escrituras: Segunda de Tesalonicenses, 2, para entender que ya estamos viviendo el final de los tiempos, y que Pablo ha dicho que los reconozcamos por las dos señales que son: la gran apostasía y el espíritu de rebelión. Este espíritu de rebelión juega a ser Dios, imita a Dios, y se coloca por encima de Dios. Hoy en día, el mundo cree en su propia auto realización. Son ellos los que le gritan a Dios: ¡No te necesitamos!

Dios no nos castiga, y no quiere ver sufrir a su pueblo. Nosotros mismos, nos estamos destruyendo, y estamos atrayendo hacia nosotros todo el mal. Esta es la razón por la que, en muchos mensajes, y no sólo el del 11 de septiembre de 1991, Cristo nos ha estado advirtiendo que Satanás está preparando un gran holocausto para destruirnos.

Las personas que han muerto, buenas o malas, son las víctimas de hoy, que han provocado nuestros pecados, y nuestra sordera a los llamados de advertencia de Dios, para salvarnos, librarnos del sufrimiento y la muerte. Por nuestros propios pecados, hemos hecho víctimas a personas inocentes, y hemos causado grandes sufrimientos, innecesariamente. Debemos orar por todas aquellas familias que han perdido a sus seres queridos, para que Dios les dé fortaleza, y un espíritu de perdón.

Vassula

(ver también una cartade Vassula escrita en enero de 2002)